Church of the Holy Spirit
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Spirited Times - February 2008

Perspectivo del Párroco

By FR. BILL TKACHUK, PASTOR

¿Cuándo vamos a Misa este domingo?  ¿Por qué tenemos que ir a Misa el domingo?  ¿Vamos a ir a Misa este domingo?

Estas tres preguntas expresan un gran cambio en la conversación acerca de la asistencia a las Misas Dominicales durante los pasados cincuenta años.  Ha sido bastante obvio para aquellos que con regularidad asisten a una de las cuatro Misas de fin de semana en inglés, que el número de personas que asisten en un promedio regular ha continuado declinando durante los pasados diez años.  Nos damos cuenta en especial de la ausencia de los niños y la juventud de la parroquia y sus padres.  La mayoría de nosotros que tenemos más de cuarenta años crecimos en familias en las cuales la única pregunta de los domingos era cuando vamos a ir a Misa.  La pregunta de porque era el refrán de niños y adolescentes los cuales sus padres respondían con alguna respuesta tal como “porque vives en esta casa y esas son las reglas.”  Mientras esa puede ser una respuesta adecuada para algunos jóvenes, se vuelve inadecuada al acercarnos a una adultez joven.  Siento que nuestra falta de proveer respuestas maduras a la pregunta de porque, y las constantes exigencias de tiempo ya sea personal o familiar, ha llevado a muchos adultos a preguntarse si irán a Misa este domingo.  Y así como la Misa de los Domingos se vuelve una actividad más en la lista de opciones y perdemos conexión con la comunidad que se reúne con regularidad, se vuelve más fácil el dejar de ir en general.

 

¿Porque vamos a Misa los Domingos?  Nos enfrentamos con muchos conflictos de exigencia durante el transcurso de la semana, y los domingos es con frecuencia el único día en el que podemos dormir un poco más tarde – ó, si tenemos niños que participan en varias ligas deportivas, un día necesario en orden que les permita participar en varios deportes/ligas como sea posible.  Queremos una razón para darle prioridad a ciertos eventos ó actividades.  Algunos pagan los recibos; otros ofrecen a los niños más oportunidades; aún así otros son necesarios para mantener un hogar saludable.  Porque darle prioridad a una hora los Domingos en la mañana que requiere otra hora de preparación y veinte a treinta minutos de ir y regresar.

 

El Segundo Concilio del Vaticano nos proporcionó un entendimiento renovado de que la Iglesia es una realidad vibrante y viva.  La comunión no es solo nuestro entendimiento del pan y el vino que se convierte en el Cuerpo y Sangre de Cristo.  La Comunión es también en lo que uno se convierte cuando compartimos el Cuerpo y Sangre.  La opción de entrar y compartir en la comunión cada domingo tiene el poder de liberarnos de los pecados ordinarios de la semana pasada y de fortalecernos para los retos que nos esperan en la semana por venir.  La Comunión en Cristo nos da nuestra identidad y nos vuelve a formar como miembros de algo mucho más grande que nosotros.  La Comunión nos transforma una y otra vez en la presencia de Cristo en el mundo al invitar a Cristo a hablar y actuar en todo lo que hablamos y hacemos.

 

Esta es la razón porque vamos a Misa.  Y me atrevo a decir que esta es la razón de porque debemos ir a Misa.  Nunca hay una semana en la cual no me encuentro con pensamientos, palabras y comportamiento que es contrario a mi identidad como un miembro del Cuerpo de Cristo.  Necesito la oportunidad semanal de ser perdonado por mis faltas humanas ordinarias y ser hecho entero nuevamente.  Raramente hay una semana que no presenta sus retos los cuales se pueden enfrentar de una mejor manera si he sido recordado recientemente de quien soy como discípulo de Jesús y recibido la fortaleza y guía que viene a través de la Palabra y Eucaristía – aún cuando la homilía me enfadó y la música no fue de mi agrado y mi inspiración.  En una cultura que nos enfrenta a la competencia e independencia, nunca hay una semana en la cual no necesito ser recordado que soy creado como parte de una comunidad más grande y de ser formado una vez más en esa comunión – aún cuando aquellos que se encuentran a mí alrededor me distraen ó enfadan.

 

La Cuaresma nos ofrece un momento para desarrollar ó renovar buenos hábitos.  Si el asistir a la Misa Dominical no es uno de ellos, consideren darle a ese hábito una oportunidad.  Si ya es un hábito, consideren hacer un esfuerzo especial en conectar con aquellos que se sientan cerca de ustedes y tal vez invitar a vecinos y amigos a acompañarlos a Misa y a compartir café después.  Con el tiempo, el premio es mayor que el esfuerzo y nos hace testigos más fuertes a nuestra comunión en Cristo.